Venire Contra Factum Proprium: La doctrina de los actos propios en el derecho mexicano.

Por Rodrigo Macín Sánchez

Introducción

La seguridad jurídica es, sin lugar a dudas, uno de los pilares de un sistema jurídico sano. El presente artículo busca brindar un sucinto y general análisis de una de las figuras jurídicas que procuran a la seguridad jurídica en las relaciones entre particulares: el principio venire contra factum proprium non valet o doctrina de los actos propios, según el cual las personas deben observar comportamiento congruente y no contradictorios, de suerte tal que si una persona contraria sus propios actos o afirmaciones, dichas contradicciones carecen de efectos jurídicos.[1]

 

Origen, desarrollo y fundamento

La mayoría de las instituciones jurídicas de la familia del derecho continental tienen su origen en la jurisprudencia romana clásica y su desarrollo teórico en la jurisprudencia europea bajomedieval.[2] La doctrina de los actos propios no es la excepción. Esta doctrina, a la que más bien consideramos un principio general del derecho,[3] es de fundamental importancia para el sano desenvolvimiento de la vida jurídica ya que busca la estabilidad de las relaciones jurídicas al no dar efectos jurídicos de los comportamientos incongruentes o contradictorios de las personas que participan en relaciones jurídicas, sobre todo, cuando estas son de índole contractual.[4] Es decir, lo que busca la doctrina de los actos propios es el comportamiento coherente en el tráfico jurídico.[5]

Como ya se mencionó, la primera noticia que tenemos de este principio la encontramos en el derecho romano clásico, concretamente en un pasaje del digesto en el que se cita a Ulpiano. En dicho pasaje se comprende la idea fundamental detrás de la doctrina de los actos propios en tanto que se niegan efectos jurídicos a un comportamiento no congruente, sin embargo, no existe la enunciación del principio como lo conocemos hoy en día. En el caso que ahora se comenta, Ulpiano afirmó que estaba prohibido que el padre de una hija difunta que había sido emancipada suscitare controversia sobre la validez de la emancipación con el objeto de beneficiarse de la herencia de su hija en perjuicio de los herederos testamentarios debidamente instituidos.[6] En otras palabras, Ulpiano considero que estaba prohibido que el padre negare los efectos de la emancipación ya que previamente los había aceptado, es decir, el la postura del padre hacia la emancipación debía ser congruente.

Sin embargo, el principio general y abstracto como hoy lo conocemos no es obra de los romanos, sino que este fue enunciado hasta la baja edad media cuando los comentaristas medievales, interpretando la jurisprudencia clásica romana, formularon el latinajo “venire contra proprioum factum nulli conceditur”. La primera aparición de este brocardo la encontramos en la compilación del Azón (?-†1230) Bocardica Azonis, X De aequilitate factorum, 28.[7] En aquel entonces el principio que ahora nos ocupa no era más que un simple enunciado que nos indicaba que no era válido que una persona fuese en contra de sus conductas previas. Sin embargo, la jurisprudencia aún no había establecido cuestiones fundamentales como ¿de dónde emana este principio?, ¿Cuáles son sus elementos? O ¿Cuáles son los requisitos para que este pueda ser aplicado? Algunas de estas lagunas fueron colmadas por juristas bajo-medievales posteriores, notoriamente por Bartolo de Sassoferrrato y Baldo de Ubaldis, quienes establecieron que al brocardo de Azón era aplicable en todos los casos salvo cuando 1) el acto primigenio no es obligatorio ipso iure; 2) si en el acto primigenio se actuó por cuenta ajeno; y 3) si el contrariar actos propios favorece la libertad.[8]

Lamentablemente el avance teórico que el principio que ahora nos ocupa alcanzo con los comentaristas bajo-medievales, este sufrió un retroceso en los cuerpos normativos que informaron e inspiraron a la legislación mexicana. Por ejemplo, las VII Partidas de Alfonso El Sabio vuelven al modelo del digesto que no postulaba a la doctrina de los actos propios como un principio general, sino que se limita a prever casos específicos en los que se negaban efectos a los actos contradictorios.[9]

En opinión de algunos, el venire contra factum proprioum reaparece durante la escuela del derecho natural podemos encontrar algunas manifestaciones que se asemejan al espíritu de la doctrina de los actos propios. En opinión de CORRAL TALCIANI, Samuel von Pufendor reconoce la doctrina de los actos propios como parte del derecho natural al establecer que “…cada uno debe cumplir religiosamente con su palabra, es decir, efectuar aquello a lo que se ha comprometido por alguna promesa por cualquier convención”.[10] Nos parece sin embargo, que la cita de Pufendor se más bien se refiere a otro principio del derecho civil y contractual: el pacta sunt servanda”. En este sentido, nos parece difícil afirmar que exista fundamento claro de la doctrina de los actos propios durante la escuela del derecho natural.

Al igual que la escuela del derecho natural, la codificación decimonónica se olvidó de la doctrina de los actos propios. En efecto, el movimiento codificador originado con el Code Napoleon hacia 1804 no recogió el brocado de Azón y en términos generales, no encontramos referencias claras a casos en los que se proscriba el comportamiento contradictorio.

Afortunadamente, la doctrina y la jurisprudencia lograron resucitar el principio venire contra factum proprioum. Esta resurrección ha operado de diversas formas en diversas jurisdicciones, pero en términos generales se ha dado en virtud de que los tribunales y los doctrinarios han encontrado que el venire contra factum proprium se desprende de determinadas disposiciones jurídicas, concretamente, se afirma que la doctrina de los actos propios emana del principio de la buena fe, particularmente, la buena fe contractual.

El desarrollo doctrinal y jurisprudencial del venire contra factum proprioum desde su reaparición posterior a la codificación hasta ahora ha sido muy extenso y podemos encontrar precedentes y doctrina en todo Iberoamérica.

Desafortunadamente el desarrollo de este principio no ha sido tan fructífero en México, donde no existe desarrollo doctrinal que analice a la doctrina de los actos propios a la luz del derecho mexicano. De hecho, la única constancia del desarrollo de este principio en el derecho mexicano son unos pocos y recientes precedentes del Poder Judicial de Federación.

Ahora bien, pese a que los precedentes son escasos, hay que reconocer que los pocos que hay son muy completos y reflejan de forma clara la fuente, el contenido, el alcance, requisitos y consecuencias del principio venire contra factum proprioum.

Los precedentes más relevantes serán comentados en el apartado siguiente

 

El principio venire contra factum proprium en la jurisprudencia mexicana

El primero y más relevante de los criterios anunciados en el apartado anterior, es una tesis de jurisprudencia por reiteración de la Décima Época.[11] En esta jurisprudencia el Tercer Tribunal Colegiado del Primer Circuito resolvió que la doctrina de los actos propios es parte derecho mexicano al establecer que esta deriva de manera inmediata y directa del principio general de la buena fe, entendiendo a la buena fe como la creencia de que una persona actúa conforme a derecho al conducirse de una forma honesta, diligente y correcta, excluyendo toda intención maliciosa. Esta jurisprudencia nos indica que la importancia de la buena fe es tal que irradia su influencia en todas las esferas y relaciones jurídicas.

Nuestro poder judicial federal reconoce que una de las implicaciones del comportamiento de buena fe es el comportamiento congruente y no contradictorio, por lo tanto, no es válido que una persona funde su postura al invocar hechos que contrarían sus propias afirmaciones o asumen una actitud que lo colocan en oposición con su conducta anterior.

Ahora bien, nuestro poder judicial ha determinado que no cualquier conducta contradictoria carece de efectos jurídicos en virtud de la doctrina de los actos propios, sino que las conductas relevantes para efectos de esta doctrina deben cumplir con determinadas características. Concretamente con cuatro:[12] i) debe existir una primera conducta de un sujeto que sea vinculante hacia otro en ejercicio de un derecho subjetivo, ii) debe existir una pretensión contradictoria, que se traduce en que el sujeto que exteriorizó la primera conducta formule una pretensión contradictoria a la primera; iii) que la contradicción en las conductas cause perjuicio a terceros que confiaban objetivamente en la primera conducta; y iv) que exista identidad de partes, esto es, que la conducta anterior y la posterior deben ser atribuidas a una misma persona o a quien la sustituya en el cumplimiento de la obligación.

 

Conclusiones

El principio venire contra factum propium es de fundamental importancia en el ordenamiento jurídico mexicano ya que brinda estabilidad al trafico jurídico y a las relaciones jurídicas al asegurar que las personas deben comportarse de forma congruente y no contradictoria.

 

[1] El autor es abogado egresado de la Escuela Libre de Derecho con honores magna cum laude. Es asociado de Von Wobeser y Sierra, S.C. donde se desempeña en las áreas de arbitraje comercial, obra pública y de inversionista-Estado entre otros.

[2] PAMPILLO BALIÑO, Juan Pablo, Historia General del Derecho, p. XVII-XXII, Oxford University Press, 2008, consultado el 3 de noviembre de 2016.

[3] Un sector de la doctrina disiente de la consideración de la doctrina de los actos propios como un principio general del derecho ya que este admite excepciones, en este sentido, dicho sector califica a la doctrina de los actos propios como una regla. Vid. por todos: BERNAL FANDIÑO, Mariana, La doctrina de los actos propios y la interpretación del contrato, p. 258, http://www.scielo.org.co/pdf/vniv/n120/n120a11.pdf consultada el 3 de Noviembre de 2016. No consideramos que esta visión sea adecuada ya que son muchos los principios generales del derecho que admiten excepciones sin que esto demerite su calidad de principios, tómese por ejemplo el principio primo in tempore prior in iure que beneficia al poseedor más antiguo de una cosa es dudoso en materia registral donde es la inscripción registral la que prima sobre la posesión.

[4] CORRAL TALCIANI, Hernán, La raíz histórica del adagio “venire contra factum proprium non valet”, en Venire contra factum proprium. Escritos sobre la fundamentación, alcance y límites de la doctrina de los actos propios, p. 19, http://www.uandes.cl/comunicaciones/Cuadernos_de_Extension_Juridica/Cuaderno_de_Extension_Juridica_N18_Venire_contra_factum_proprium.pdf consultada el 3 de noviembre de 2016.

[5] BERNAL FANDIÑO, Mariana, La doctrina de los actos propios y la interpretación del contrato, p. 255, http://www.scielo.org.co/pdf/vniv/n120/n120a11.pdf consultada el 3 de Noviembre de 2016.

[6] D. 1.7.25. “ULPIAANUS; libro V, Opinionum.- Post mortem filiae suae, quae ut mater familias quasi iure emancipate vixerat et testament scriptis heredibus decessit, adversus factum suum, quasi non iure eam nec praesentibus testibus emancipasset pater movere controversiam prohibetur” (traducción.-ULPIANO, Opiniones libro V.- Después de la muerte de su hija, que cual madre de familia había vivido como emancipada en derecho, y falleció con herederos instituidos en su testamento, se prohíbe que el padre promueva controversia contra su propio hecho, como si no lo la hubiese emancipado según derecho, ni en presencia de testigos.).

[7] CORRAL TALCIANI, Hernán, La raíz histórica del adagio “venire contra factum proprium non valet”, en Venire contra factum proprium. Escritos sobre la fundamentación, alcance y límites de la doctrina de los actos propios, p. 23, http://www.uandes.cl/comunicaciones/Cuadernos_de_Extension_Juridica/Cuaderno_de_Extension_Juridica_N18_Venire_contra_factum_proprium.pdf consultada el 3 de noviembre de 2016.

[8] DIEZ-PICAZO PONCE DE LEON, Luis, La doctrina de los propios actos. Un estudio crítico sobre la jurisprudencia del Tribunal Supremo, p. 49, Bosch, 1963, consultado el 3 de noviembre de 2016; CORRAL TALCIANI, Hernán, La raíz histórica del adagio “venire contra factum proprium non valet”, en Venire contra factum proprium. Escritos sobre la fundamentación, alcance y límites de la doctrina de los actos propios, p. 26, http://www.uandes.cl/comunicaciones/Cuadernos_de_Extension_Juridica/Cuaderno_de_Extension_Juridica_N18_Venire_contra_factum_proprium.pdf consultada el 3 de noviembre de 2016.

[9] Por ejemplo en la sexta partida se prohíbe nombrar nuevamente heredero a alguien que ya había sido desheredado por el testador (p.6.8.6).

[10] CORRAL TALCIANI, Hernán, La raíz histórica del adagio “venire contra factum proprium non valet”, en Venire contra factum proprium. Escritos sobre la fundamentación, alcance y límites de la doctrina de los actos propios, p. 27, http://www.uandes.cl/comunicaciones/Cuadernos_de_Extension_Juridica/Cuaderno_de_Extension_Juridica_N18_Venire_contra_factum_proprium.pdf consultada el 3 de noviembre de 2016.

[11] Número de registro Semanario Judicial de la Federación 2008952.

[12] Número de registro Semanario Judicial de la Federación 2001999.