Mi Mundo Financiero

Por Ximena Calderón Galván

Soy abogada y estoy cursando la Especialidad en Propiedad Intelectual e Industrial en la UP y hoy saldré de mi Mundo del Derecho para platicarles un poco de mi Mundo Financiero a pesar de que siendo ninguna experta en el tema, me atrevo a hacerlo porque mi madre, Isabel Galván Muñoz, es financiera dedicada a la Asesoría en Estrategias de Inversión y desde siempre me ha inculcado, además de sus valores y principios, el hábito de la inversión. No del ahorro debajo del colchón o del cochinito que no generan nada, o del dinero en el Banco en cuentas tradicionales de ahorro o a un plazo con rendimientos muy bajos. Eso para mí es prácticamente una prohibición y el mayor error, especialmente si se trata de una cantidad que tienes pensado no utilizar en un corto plazo, ya que con la inversión, esa cantidad aunque sea hoy pequeña puede crecer más, mucho más, con el tiempo.

Entonces entendí que se puede diversificar tu inversión en diferentes mercados y monedas, accediendo a diversas alternativas para obtener mayores rendimientos (ganancias). Durante mi vida mis ahorros han sido invertidos en acciones de la Bolsa de Valores y desde que me recibí tengo acceso a una cuenta de inversión ya que estaba sujeta a condición suspensiva hasta ese día, desde entonces adquirí el hábito de invertir a largo plazo y hoy agradezco a mi madre por haberme heredado un patrimonio propio.

Hoy en día existe poca cultura financiera en nuestro país y como jóvenes trabajadores con ingresos es necesario tomar conciencia y adquirir conocimientos de los diferentes instrumentos financieros bursátiles existentes a nivel internacional y nacional que nos permitan una adecuada toma de decisiones para poder enfrentar todos los nuevos retos económicos. Si apartamos una parte de nuestros ingresos y conocemos el mundo financiero podemos alcanzar oportunidades de inversión inimaginables a corto, mediano y largo plazo.

Confieso que me cuesta entender exactamente cómo funciona el Mercado de Valores, pues es un tanto complicado, pero en mi simple entender, invertir en acciones es como comprar la casa en donde vas a vivir, constituir la empresa donde te ganarás el sustento familiar o invertir en el despacho, consultorio o lugar en donde ejercerás tu profesión estudiada, mismos que no estarías diariamente al pendiente de su valor, pero con el tiempo seguramente habrán aumentado. Lo mejor en la bolsa es invertir a largo plazo, comprar acciones es para toda la vida, es una forma permanente de invertir el dinero y protegerlo, además de participar en los grandes negocios al asociarse con empresas serias que generan empleos y ganancias.

El enemigo de comprar acciones es el miedo. Ese miedo que en la mañana, cuando leemos el periódico y nos enteramos que la bolsa bajo, nos ataca y nos hace sentir que se ha perdido parte de nuestro patrimonio y que nos hace correr a dar orden de venta de nuestras acciones, cuando en realidad es momento de comprar. Debemos entender que al incursionar en el mundo financiero, se tiene un respaldo de muchas instituciones que intervienen para darnos seguridad.

Todo en riesgo en acciones. Esas eran mis instrucciones cuando se trataba de invertir mi dinero, claramente porque es lo que históricamente deja mayor rendimiento. Como dice el dicho “el que no arriesga, no gana” aunque evidentemente lo hacía cuando no tenía responsabilidades que implicaran gastos obligatorios, como lo es el pago de la Especialidad que me encuentro estudiando.

¿Sabes cómo hacer crecer tu dinero? Existen diversos instrumentos financieros y alternativas de inversión, lo más recomendable es buscar a una asesor financiero porque cada quien tiene necesidades y requerimientos diferentes, para que te ayude a elaborar un portafolio personalizado. Imagina que hay varios cajones en donde “guardar” tu dinero. El primer cajón contiene los instrumentos de deuda en donde tú le prestas a una empresa mexicana, ésta a su vez contiene tres compartimientos, el de corto, mediano y largo plazo. En el primero invertimos el dinero que necesitamos de manera inmediata, en el segundo invertimos el que requerimos hasta el día 30 de cada mes y en el tercero el que de momento no requerimos y que no estamos dispuestos a arriesgar tanto. El segundo cajón también es de deuda pero en este le prestas a empresas extranjeras y por lo tanto tienes una cobertura en otras monedas del mundo. Por último, en el tercer cajón compras acciones y te haces socio de empresas que cotizan en la Bolsa de Valores en el que irá no el dinero que te sobra, sino el que no te haga falta.

Hace algunos años prefería no consumir café en un Starbucks, ya que me parecía que era una forma de enriquecer a una empresa extranjera… y un día mi mamá me dijo, “¿sabes que eres dueña de Starbucks?” y con carcajadas conteste un ” ¡Si ahá!”, a lo que me respondió “No eres sólo dueña de Starbucks, también eres de Domino’s, Burger King, Chili’s, P.F. Chang’s, Italianni’s, California Pizza Chicken…. ya que tienes acciones de Alsea y aunque te suene increíble, al comprar acciones eres accionista, punto”. Luego me asesoró diciendo que cada vez que gastara en alguno de los restaurantes anteriores, me imaginara que estaba ayudando a la economía de mi país y a la mía, y que además invirtiera la misma cantidad que gastara, en acciones de esa empresa, creando el hábito de invertir como una disciplina. Nada más por coincidencia, ¡un café cuesta prácticamente lo mismo que una acción!

Hace poco tiempo me percaté que en mi estado de cuenta me apareció una cantidad que aparentemente no era mía, al consultar con mi asesor, me llevé la grata sorpresa de que eran los dividendos de mis acciones, por lo que quedé sorprendida ya que siempre creí que las acciones siempre y cuando las vendieras te dejarían alguna cantidad, pero ¡oh sorpresa!

El invertir tus excedentes te convierte en alguien corresponsable con el país en el que vives, ya que con ello estás activando la economía. Los invito a todos a perder el miedo y cambiar el concepto de ahorro por el de inversión, que significa administrar adecuadamente nuestros recursos, de manera tan práctica y concreta como lo que reservamos para la renta, pago de tarjetas, diversiones, y más, para solventar las necesidades económicas propias y de nuestra familia, a futuro y para que así puedan crear su propio Mundo Financiero.